martes, 14 de noviembre de 2017

Juan Rulfo: una mirada desoladora

Ilustración de David Guerrero del Periódico Correo
En esta ocasión escribimos sobre un misterioso hombre que es considerado el autor más importante de la narrativa mexicana contemporánea y el padre del realismo mágico. Oriundo de Sayula, Jalisco (1917-1986), este personaje no solo aportó a la literatura, sino también al cine y a la fotografía. El escritor Juan Rulfo nace y crece en un tiempo y espacio que históricamente son de un ambiente fuertemente bélico por dos guerras civiles: la Revolución mexicana (1910-1920) y la Guerra cristera (1926-1929). Vivió sesenta y nueve años que fueron cruciales para la historia del país: nace el año en que se promulga la Constitución de 1917 y muere un año después del terremoto de 1985.

Juan Rulfo originalmente no se llamó así, su verdadero nombre fue Carlos Juan Nepomuceno Pérez Vizcaíno. En la pila bautismal lo llamaron Carlos por su abuelo materno (Carlos Vizcaíno Vargas) y Juan por su padre (Juan Nepomuceno Pérez Rulfo) y por nacer el 16 de mayo, día en que se festeja San Juan Nepomuceno. Solo él supo la razón del porqué empezó a escribir con el nombre de Juan Rulfo Vizcaíno, apropiándose del apellido paterno que no le correspondía y posteriormente desechar también Vizcaíno y dejarse el nombre que tanto resuena en nuestra cultura: Juan Rulfo. 


 La infancia de Juan es trágica, no solo por estar marcada por guerrillas, sino también por la temprana muerte de su padre al tener Juan tan solo 6 años y pocos años después por la de su madre. La muerte de sus padres, lo dejan a él y a sus hermanos en una triste orfandad. Por esta razón fue recluido hasta los 14 años en el internado Luis Silva de Guadalajara.

Para sobrevivir, Juan ejerce diversos empleos: vendió llantas para la empresa Goodrich Euzkadi, también fue archivista en las oficinas de la Secretaría de Gobernación y después, en esa misma institución, se dedicó a revisar documentación de extranjeros. Entre 1945 y 1950, empieza a publicar relatos en dos revistas literarias: primero en Pan, de Guadalajara y luego en América, de la Ciudad de México.

Fue hasta el año de 1953 que el Fondo de Cultura Económica, con la necesidad imperativa de divulgar obras de América Latina para enriquecer la expresión cultural y humana, decide imprimir los relatos de Rulfo que habían sido publicados en las revistas y otros agregados. Sus obras se recopilan en un volumen que llevará el mismo nombre del relato más extenso: El llano en llamas.
Gracias al éxito de El llano en llamas (que se tradujo a varios idiomas y vendió más de 2000 ejemplares) y a una beca del Centro Mexicano de Escritores, entre los años 1953 y 1954 el escritor puede dedicarse a la que sería su primer novela, Pedro Páramo, la cual se publicó bajo el sello del mismo Fondo de Cultura al año siguiente (1955).


Pedro Páramo fue una obra polémica que desde el primer momento a muchos deleitó y a muchos otros desconcertó. A primera instancia, la obra para muchas personas resulta muy confusa y consideran que el escritor erró al presentar un texto que parecía tener una estructura desordenada, mientras que otros defienden la obra argumentando que Rulfo presentó una “coherente incoherencia” que buscaba hacer notar la dimensión onírica de la novela.

En una entrevista elaborada por el periodista Joaquín Soler Serrano en el año de 1977, Rulfo contesta ante esta inquietud de algunos lectores por la dificultad de entender Pedro Páramo diciendo que la novela no solo presenta cierto grado de dificultad para entenderse sino también para escribirse. Rulfo confiesa que es una novela difícil, pero que precisamente fue hecha con esa intención: proponer un reto al lector para comprenderla, así tuviera que leerla dos o tres veces para lograrlo.


Por la dificultad que presenta la obra, el autor confiesa también que los lectores de su generación no la entendieron, mientras que las nuevas generaciones interesadas en su obra comenzaban a entenderla y apreciarla. La realidad es que el texto es difícil por su estilo de narrativa, ya que rompe con las cronologías convencionales. Requiere ser leído con mucha atención y en muchos casos sí es necesario volver a leer; pero el lograr comprenderla es una placentera recompensa que definitivamente lo vale y mucho. No por nada Pedro Páramo fue traducida a más de 25 idiomas y es considerada una de las obras cumbre de la literatura en español por autores como Gabriel García Márquez, Carlos Fuentes, Jorge Luis Borges, Ramón Xirau, etc.

Es bien sabido que el autor ofrecía calidad antes que cantidad, ya que tenía una autocrítica voraz; él mismo contaba que en una ocasión destruyó una novela entera porque según él era pésima. Después de Pedro Páramo, el jalisciense dejó de escribir por mucho tiempo y se dedicó más a la fotografía. Siempre fue muy polémico el porqué dejó de escribir, muchos dicen que lo dejó porque consideró insuperable su Pedro Páramo, otros dicen que él mismo dijo que lo hizo porque murió el tío que le contaba historias. Lo cierto es que en ocasiones fue el propio Juan quien dio diferentes razones dependiendo la situación. 


Hasta 1980 se publica su segunda novela, El gallo de oro, que pasó inadvertida. Realmente se había escrito a finales de los años sesenta pero Rulfo no la publicó porque le pidieron un guión cinematográfico de la misma. Sin embargo, cuando lo presentó le dijeron que tenía mucho material que no podía usarse y fue así que destruyó lo excedente y dejó una obra mal editada que se perfeccionó hasta el año de 2010. 

Rulfo falleció el 7 de enero de 1986, no sin antes publicar su libro de fotografías, Inframundo, en 1981 y recibir en 1983 el Premio Príncipe de Asturias por su aporte a la cultura.

La cosmovisión de Rulfo en sus obras
Xulio Formoso: Juan Rulfo
Debido a su difícil infancia, la personalidad de Juan es melancólica; tanto así que se cuenta que cuando recibió el Premio Nacional de Letras de 1970 de las manos del entonces presidente Gustavo Díaz Ordaz confesó haber sentido algo menos que nada. Sin duda la historia de su vida es importante para entender su obra, la cual está marcada por el recuerdo del dolor.

 Su obra innovó en su momento la narrativa literaria al implementar un novedoso manejo de técnica, ya que para el autor estaba más preocupado por el lenguaje, el tratamiento y la forma de contar la historia que por el tema. No se interesaba demasiado por la temática ya que él mismo decía que hay tres tópicos imprescindibles en todo escritor: el amor, la vida y la muerte. El lenguaje que emplea en sus obras pretendió imprimir la naturalidad con la que se habla en los pueblos jaliscienses, pero sin ser una copia exacta de ello.


Debido a que los temas que aparecen en sus libros son los mismos que vive la gente de las zonas rurales en Jalisco –o de cualquier parte de México– como la pobreza, las cosechas fallidas, los asesinatos, las persecuciones, las peregrinaciones, las revueltas y la revolución, los cristeros, etc., muchos creen que Rulfo es un escritor que solo quiere reflejar las cotidianidades pueblerinas, pero realmente refleja el dolor universal.


Juan Rulfo es considerado un clásico entre los escritores mexicanos pero no precisamente por hablar de México, sino porque sus textos son un trabajo de reconstrucción psicológica que muestran temas esenciales del alma humana: miedo, remordimiento, envidia, avaricia, odio, conciencias destruidas por el rencor, ternura, amor...


En sus obras podemos ver la vida como un verdadero purgatorio donde abunda la pobreza, el hambre y la violencia, donde la injusticia es el pan de cada día que fomenta un odio interminable que arrasa con las conciencias más nobles. A través de situaciones cotidianas de la vida en el campo, el autor además de transmitirnos una profunda desolación, nos hace cuestionar la existencia de lo divino, la providencia, el sentido de la vida y del mundo. Rulfo refleja un mundo que no queremos ver, un mundo pesimista en el que Dios simplemente nos ha abandonado y en donde la justicia es solo un concepto ilusorio, un mundo mal hecho donde el hombre está solo y no hay nadie que pueda ayudarlo y a veces ni siquiera escucharlo. 


Juan Rulfo en el Cine


Actualmente hay un sinfín de adaptaciones en cortometrajes y largometrajes de las obras de Rulfo, sin embargo las que se nombran a continuación son las consideradas más importantes y aquellas que el propio autor logró ver:


-Talpa, dirigida por Alfredo B. Crevenna en 1955, es una adaptación del cuento Talpa de El Llano en Llamas.

- El rincón de las vírgenes, dirigida por Alberto Isaac en 1972, es una adaptación del cuento Anacleto Morones de El Llano en Llamas donde fue muy aclamada la actuación del Indio Fernández personificando al mismo Anacleto.

- Talpa, dirigida por Gastón T. Melo en el año de 1982, otra adaptación del cuento Talpa de El Llano en Llamas.


-El Gallo de oro, dirigida por Roberto Gavaldón en el año de 1964.


-Pedro Páramo dirigida por Carlos Velo en el año de 1967.


-El Hombre de la Media Luna, dirigida por José Bolaños en el año de 1976, es considerada la mejor adaptación de la novela Pedro Páramo pues cuenta con un guión que el propio Rulfo escribió.


El escritor en general no se sintió muy contento con las adaptaciones de sus textos a la pantalla grande, consideraba que el cine estaba muy limitado para poder captar lo esencial de la literatura. Sin embargo, participó en el rodaje de El despojo (1960), un cortometraje dirigido por Antonio Reynoso que inmortalizó una frase escrita por el propio Rulfo para este corto: “Y si me quitan la vida, ¿qué importa? Al fin y al cabo ya le perdí el amor desde hace tiempo”.
La única cinta que le enorgullecía al jalisciense fue La fórmula secreta (que originalmente se iba a llamar Coca Cola en la sangre), un mediometraje antiimperialista catalogado como cine experimental, dirigido por Rubén Gámez que contaba con el poema homónimo al filme de Juan Rulfo y la voz narrativa de Jaime Sabines.


Datos Curiosos
  • El músico Camilo Lara, de la agrupación Instituto Mexicano del Sonido, hace uso de la voz de Juan Rulfo usada para relatar los cuentos de Luvina en la pista llamada canción de amor para.. y Diles que no me maten en la canción Juan Rulfo.
  • La editorial RM lanzó este año la edición bandera de las tres obras de Juan Rulfo conmemorando los 100 años de su natalicio.

  • Próximamente se lanzará el documental Cien años con Juan Rulfo dirigida por su hijo cineasta, Juan Carlos Rulfo.

  • El reconocido escritor Jorge Luis Borges llegó a decir que Pedro Páramo era una de las mejores novelas de la literatura en lengua hispánica y, de hecho, de la literatura universal.
  • El ganador del premio Nobel en 1982, Gabriel García Márquez, confesó haber leído dos veces en una misma noche Pedro Páramo, debido a que la obra le causó una fuerte conmoción.
  • El director de cine Alfonso Cuarón presentó en el Festival Lumiere del año 2017 la cinta La fórmula secreta y explicó que es una película que, mediante metáforas y elementos variados, refleja la idiosincrasia de México, pero más que nada describe al mexicano inmerso en una desigualdad social.
  • El escritor chino, ganador del premio Nobel en el 2012, Mo Yan, ha confesado públicamente su profunda admiración por los escritores latinoamericanos Juan Rulfo y Gabriel García Márquez.
  • El pueblo de Comala, donde se ambienta la novela cumbre de Rulfo, es uno de los lugares más famosos del estado de Colima debido en parte a los relatos y leyendas derivados de Pedro Páramo.



Top relatos imperdibles de Juan Rulfo


6. El hombre (en El Llano en Llamas): Es la historia de una persecución con fines de venganza, el relato tiene un manejo excepcional de técnicas narrativas que mantienen al lector en suspenso.


5. No oyes ladrar a los perros, (en El Llano en Llamas): Un hombre viejo transporta en sus hombros a su hijo Ignacio, que ha sido herido de muerte, a su destino, Tonaya, que es un pueblo ubicado detrás del monte y el lugar donde podrán curar a su hijo.

4. Talpa (en El Llano en Llamas): Esta historia se trata de Natalia, Tanilo y su hermano. Tanilo estaba muy enfermo, por esta razón y otra más crucial es que su esposa y su hermano deciden acompañarlo a la peregrinación de la Virgen de Talpa.  

3. Luvina (en El Llano en Llamas): Relato que nos ilustra la inmensa soledad que azota a los habitantes del pueblo de Luvina.





2. Diles que no me maten (en El Llano en Llamas): Relato que nos plantea la angustia del protagonista por sentirse al acecho de la venganza de aquellos a quienes ha dañado. De esta forma, se plantea un círculo dramático donde nadie gana, salvo la muerte.



1. Pedro Páramo: Por una promesa que le hizo a su madre antes de morir, Juan Preciado va en busca de su padre, “un tal Pedro Páramo”, hasta el pueblo mexicano de Comala.

martes, 31 de octubre de 2017

El Día de muertos: la tradición que permite palpar los recuerdos

Three of them, The Death, Carlos Jose Urquijo (@fotosmentales)
Como vimos en el post anterior, el Día de muertos data del México Antiguo donde ya se veneraban las almas de los difuntos, si bien la festividad actual se originó por el sincretismo de los ritos prehispánicos con las fechas traídas por la Iglesia católica, el Día de muertos es un signo característico de lo mexicano y posee un sello único. ¿Por qué? Intentaremos descubrir en qué consiste actualmente y, sobre todo, lo que representa esta gran celebración mexicana.
Hay que decir que festejar el Día de muertos no es algo que hagan todas las familias, debido a diferentes creencias y a que hay muchas que se apegan o bien a la tradición católica, o a la costumbre del Halloween. A pesar de esto, el Día de muertos es ante el mundo un ícono representativo de lo que es México y como mexicanos -celebremos o no- hay que sentirnos orgullosos y conocer mejor una tradición tan antigua, tan colorida y tan única.
Foto de KareNehuatl, @karenehuatl

Para no confundirnos, el Halloween tiene origen celta, pues el 31 de noviembre se celebraba el Samhain, que era el fin de la cosecha (el año nuevo celta) en el que se abría un espacio hacia otro mundo, mas cuando Europa se convirtió al cristianismo, esta tradición cambió y se instauraron las celebraciones del Día de todos los Santos y el Día de los fieles difuntos (1 y 2 de noviembre respectivamente). De hecho, la tradición celta del 31 de octubre comenzó a recibir el nombre de "All Hallow's Eve” (la vigilia de Todos los Santos, por tratarse del día anterior a la celebración cristiana) pero con los años dicho nombre se convirtió en el famosísimo Halloween. Actualmente la gente mezcla todas las celebraciones entre el 31 de octubre y el 2 de noviembre, no parece haber gran distinción, pero el Día de muertos no debe ser confundido ni diluido con ninguna otra fecha porque representa, en gran medida, el espíritu mexicano.


El Día de muertos
Oficialmente el 1 y 2 de noviembre se celebra el Día de muertos, pero la celebración comienza antes y, como para toda gran fiesta, existe una anticipación y preparación de semanas. Las panaderías comienzan a oler a delicioso pan de muerto, los puestos de flores adquieren un tono anaranjado característico de la fecha, los vendedores ambulantes pasan por las calles con calaveras de todos los tamaños, la gente prepara en sus hogares los altares de sus muertos...
Sara Álvarez, @saralvarez10 
Actualmente en San Isidro Buensuceso (Tlaxcala) y en La Huasteca (Veracruz, Tamaulipas, San Luis Potosí e Hidalgo) la celebración comienza desde el 28 de octubre, atendiendo un poco al origen mexica de las festividades que conmemoraban los diferentes tipos de muerte. La fiesta en Janitzio (Michoacán) es quizá la más icónica, pues, tradicionalmente, niños y mujeres se congregan en el cementerio y con toda solemnidad colocan sobre las tumbas de sus difuntos sus ofrendas, adornan con flores, velas y los manjares que sus muertos preferían; mientras que los hombres rodean el cementerio y participan desde fuera del ritual que consta de oraciones, cantos y tintineos de campanas que duran toda la noche para que las almas de todos los difuntos puedan participar de la celebración con la que se amanece el 2 de noviembre.
Foto de Israel Farcierth, @ifarcierth

En 2003 la tradición mexicana de origen prehispánico del Día de muertos fue proclamada por la UNESCO Patrimonio cultural inmaterial de la humanidad. Aunque en muchos lugares de Latinoamérica hay celebraciones similares al Día de Muertos mexicano, no parecen tener el origen prehispánico, sino deberse más a la colonización y al sincretismo de culturas. Por ejemplo, en La Paz Bolivia se celebra cada 8 de noviembre, la festividad de "las Ñatitas" (narices chatas) como agradecimiento a los muertos, en la que se veneran cráneos humanos decorados. La gente venera restos exhumados y pasados de generación en generación porque creen que los protegen y acompañan. Y así hay también celebraciones similares en Guatemala, Colombia, Honduras, Costa Rica y Bolivia.

El Día de muertos en México es el día -o los días- en el que las almas de quienes ya han partido, al ser recordadas, regresan para ser recibidas con inmensa alegría. Las ofrendas, la comida y la música coronan la tradición más icónica de México. Ese día, el mundo de los vivos se encarga de honrar, recordar y celebrar la vida de sus difuntos. Un vínculo entre dos dimensiones a través de la eterna dualidad vida y muerte. El mexicano no ve la muerte como algo malo, sino como algo natural que inicia el camino al descanso del alma, pero que no por ello lo separa de sus seres queridos. Pasa algo curioso, pues estos días los mexicanos llevan a su máximo esplendor la burla a la muerte, ¿qué importa la muerte si aún así puedo recordar a mis difuntos para que regresen este día y estén conmigo otra vez?

La ofrenda
Obviamente, la celebración no sería nada sin sus ofrendas. Los mexicanos preparan altares que homenajean y recuerdan a sus difuntos para que estos puedan encontrar el camino a su celebración y estar con ellos ese día. El recuerdo aviva la llama del Día de muertos. Por esta razón, cada altar es único y debe prepararse específicamente para los queridos difuntos. Sin embargo, hay varios elementos que tradicionalmente deben aparecen en la ofrenda y contribuyen a la carga simbológica que plantea toda la celebración.

Típicamente la ofrenda tiene niveles, según lo que se busca representar: dos para el cielo y la tierra, tres para añadir el Inframundo y siete asemejando los niveles que el alma recorre al morir. También en la ofrenda deben representarse los cuatro elementos: la tierra con las flores y frutas; el viento representado con el movimiento de papel picado; el fuego, la esperanza y la luz que alumbra el camino, con las velas; y el agua, la fuente de la vida, con vasijas, pulque, alcohol, etc. Las almas de los difuntos, después de su camino hasta sus ofrendas, llegan con apetito y sed por lo que en éstas debe haber algo que los pueda saciar. El inconfundible anaranjado de las flores de cempasúchil no falta en ninguna ofrenda, pues su característico olor impregna el ambiente del Día de muertos y sirve como guía para los difuntos hacia sus ofrendas. De hecho, se acostumbra trazar un camino con pétalos de la flor para orientarlos.

Otros elementos tradicionales de los altares son el copal y el incienso -que limpian el ambiente de malos espíritus para que las almas de los difuntos no corran peligro-, la sal -que purifica-, el petate -como mantel y símbolo de descanso-, la comida -cuyo aroma impregna el aire y sirve de invitación a los difuntos, por lo que además suele prepararse el platillo favorito del difunto para ponerlo en el altar- y el pan -como símbolo de fraternidad-. El pan de muerto es de las delicias típicas que en época de muertos degusta el paladar mexicano y no falta en las ofrendas. Su origen data de la Conquista -cuando las harinas llegaron a Mesoamérica- y representan al muerto: sus huesos y su cráneo. Es parte del manjar de esta festividad por su delicioso sabor y su gran significado.
Ofrenda a Isidro Fabela, Museo Casa del Risco (CDMX)
El retrato del difunto suele coronar el altar, porque es a esa persona a quien se le hace la ofrenda. Es ella a la que se recuerda. Por ello el objetivo de la ofrenda no es llenarla de objetos típicos, sino dotarla de aquello que recuerde y conmemore específicamente a los queridos difuntos, por lo que aunque hay elementos constitutivos de las ofrendas, en realidad se le puede agregar lo que sea: desde juguetes y dulces, hasta ropa y libros o figuras de Santos y elementos religiosos. El fin de poner la ofrenda es traer a la memoria a la persona, recordarla y no olvidarla.

La calaverita
Cuando uno dice “calavera” en estas fechas, uno puede imaginarse muchas cosas. Esto exhibe la diversidad cultural que trae consigo la festividad del Día de muertos y la importancia de la concepción de la muerte y la vida del mexicano.
Foto de @neomexicanismos
Por un lado, las calaveritas son versos tradicionales del Día de muertos de México. Antiguamente llamadas panteones, son rimas que nacieron como crítica social a modo de epitafios (normalmente son escritos dedicados a alguien como si ya estuviera muerto o como si la Flaca -como también se le conoce a la Muerte- se lo fuera a llevar ese día). Las calaveritas literarias retratan a la perfección el tono que el mexicano tiene para con la muerte: una mezcla de burla, respeto y alegría.

Por otra parte, el dibujo de la calaverita es otro ícono de la época. El grabado original de José Guadalupe Posada no fue hecho para el Día de muertos sino también como crítica social para publicaciones del siglo XX, pero se asocia con la fecha debido por supuesto a su alusión a la muerte. La Catrina, probablemente la más famosa de sus calaveritas grabadas -que se dice que Diego Rivera la bautizó con el nombre con el que es mundialmente conocida-, nació como una crítica al indígena, a la garbancera- como fue originalmente llamada-, que con la Conquista adoptó las tradiciones europeas y pretendió deslindarse de sus raíces. Sin embargo, la estola que normalmente la adorna alude a Quetzalcóatl (la serpiente emplumada), al origen que siempre permanece, y es retratada como calaca porque ricos o pobres, la muerte termina por llevarnos a todos. La muerte no hace distinciones. De cualquier modo, el grabado de Posada se convirtió en un personaje imperdible del Día de muertos que también se identifica en todo el mundo como un ícono de la tradición mexicana.
Calavera Catrina, José Guadalupe Posada (1910)
Por supuesto las calaveritas también son los cráneos de barro, chocolate, azúcar o amaranto que adornan las ofrendas y representan a los difuntos. Pero hay una cuarta forma de calaverita. En estos días se acostumbra escuchar a la gente, y a los niños, “pedir calaverita”. El origen de esta costumbre es un tanto debatible, pero se supone que data de la antigüedad cuando un niño huérfano pintó su cara para pedir cooperación de alimento. La película de Macario (1960), ambientada en la víspera del Día de muertos, ilustra la calaverita como un regalo a los trabajadores. Actualmente en época de muertos, en las calles aún se entonan muchos “¿me da pa’ mi calaverita?”. aunque en algunos pueblos (como Xochimilco y Mixquic) la pedida de calavera se acompaña de cantos más elaborados como el siguiente:
Macario de R. Gavaldón
“Ya llegó la Chilindrina a pedir su mandarina, ya llegó Jorge Negrete a pedir su gollete, ya llegaron los abuelitos a pedir tamalitos. Con los huesos de mi abuela voy a hacer una escalera y gritar ¡MI CALAVERA!”.

De cualquier modo, pedir y dar calaverita parece estar en el mismo tono de ofrendar y agradecer, que caracteriza a todo lo relacionado con el Día de muertos.

El día de muertos en la literatura, el cine y la música
Además de los versos de las famosas calaveritas, la literatura también ha tocado el tema de la muerte y su relación con el mexicano. Por ejemplo, Bajo el volcán (1947) de Malcolm Lowry y Macario (1950) de Bruno Traven -que inspira la película mexicana del mismo nombre- son novelas extranjeras que hacen alusión al Día de muertos. Y, por supuesto, del lado nacional, Pedro Páramo (1955) de Juan Rulfo es una de esas obras clave para visualizar cómo el mexicano se relaciona con la muerte.
En el cine, aunque existen algunos cortometrajes, como Hasta los huesos (2001) y Día de los muertos (2013), que han abordado lo que es la festividad de los muertos y a pesar de que hay múltiples películas que en algunas escenas incluyen alusiones a ella o incluso transcurren durante estas celebraciones, parece que Macario (1960), El libro de la vida (2014) y, por supuesto, la más recientemente estrenada Coco (2017) son los largometrajes que se han enfocado en llevar, como tal, la temática a la pantalla grande.
El libro de la vida (2014)
En la música, aunque por supuesto hay canciones con referencias a la tradición mexicana, tampoco parece haberse explotado demasiado la temática, de hecho una de las canciones que más se identifican con el Día de muertos no fue compuesta con tal fin. La canción La Llorona, un son originario del istmo de Tehuantepec (Oaxaca) de la época de la Revolución, ha sido entonada por más de 50 intérpretes con múltiples variaciones en la letra y se ha asociado con el Día de muertos. Esto debido, tal vez, a sus temas más recurrentes: el amor y la muerte, y a sus referencias a la celebración, como las flores del camposanto (las de cempasúchil). Podría tratarse de una historia de un amor que se topó con la Muerte, pero que reafirma el vínculo amoroso y desafía a la muerte misma por medio del recuerdo: “Aunque la vida me cueste, Llorona, no dejaré de quererte… Me quitarán de quererte, Llorona, pero de olvidarte nunca”.

Comprender el Día de muertos en su totalidad es algo que quizá solamente algunos mexicanos logran. Por ello y por su inmensa simbología y variedad, el tema bien podría ser aún retomado en múltiples expresiones artísticas propias del mexicano, pues no hay duda de que esta festividad es algo que se siente.

Recordar frente a la muerte
Como hemos visto, el Día de muertos está cargado de un misticismo que solamente el mexicano parece comprender a plenitud, y no porque pueda dar una explicación de lo que sucede ese día, sino porque lo vive en carne propia. Pregunten a quien ha saboreado un pan de muerto que estuvo en una ofrenda cómo éste pierde su sabor, como si alguien lo hubiera absorbido; a quien observa cómo las flores de cempasúchil -las flores de muertos- florecen solamente en esta época del año y tienen un olor intenso y muy particular; a quien se estremece escuchando un “aunque la vida me cueste… no dejaré de quererte” y recuerda inevitablemente a quien ya se adelantó;  a quien duerme en el cementerio para estar una noche más a lado de su difunto.

Escribió Octavio Paz en El laberinto de la soledad que “Una sociedad que niega la muerte, niega también la vida", y eso parece ser lo que enaltece la tradición mexicana del Día de muertos. El mexicano cree que sus muertos regresan a compartir, a disfrutar del banquete que se les prepara, a celebrar la vida. Lo cree porque en su mente abunda el recuerdo que es lo que permite que, a pesar de la muerte, sus difuntos vivan. El pueblo mexicano afirma la muerte y con la celebración de los difuntos lleva esta afirmación a su máximo esplendor; enaltece la diversidad, el colorido, la alegría, la fiesta, sus tradiciones y costumbres, la familia, el sentimiento y el vínculo que lo une a ella. La memoria mantiene viva la esencia de los que ya no están presentes. La tradición del Dia de muertos no sólo nos caracteriza a nivel mundial, sino que honra la muerte y exalta el hecho de que, como Posada lo retrató con su Catrina, un día todos seremos calacas pero, al mismo tiempo, defiende la vida, lo que permanece mientras alguien pueda recordarnos. La celebración mexicana de los muertos exalta el vínculo -el amor- que en vida creamos y que por medio del recuerdo permanece a pesar de la muerte. Una invitación para que nos adentremos en nuestras tradiciones, las recuperemos y jamás dejemos de recordar...

Datos curiosos
*La canción infantil más conocida del Día de muertos es Chumbala Cachumbala que explica a los niños algunas de las cosas que ocurren la noche del Día de muertos.

*Los Claxons tienen una canción titulada Día de muertos que aborda la temática de la vida y la muerte, y el poder del amor para siempre tener presente a los que ya no están.

*Las flores del camposanto es otra canción popular mexicana del Día de muertos que hace una analogía entre las flores de cempasúchil con los muertos a quienes adornan.
Foto de Milenio
*El cortometraje Hasta los huesos (2001) tiene el récord de ser el más caro de la animación mexicana (aproximadamente 3 millones de pesos).

*007: Spectre (2015), la 24ª película de James Bond, se desarrolla en la Ciudad de México durante un Día de muertos. Aunque no aborda como tal la temática, en la escena inicial se aprecia un desfile lleno de catrines y carros alegóricos que pretenden mostrar lo que ocurre en esta fecha. 


De hecho, a partir del 2016 se ha llevado a cabo el monumental Desfile de Día de muertos inspirado en el que muestra la película de Bond. Este año rindió homenaje a las víctimas y héroes del 19S.
Foto de Sara Álvarez, @saralvarez10 
Aprovechamos este espacio para sugerirles que, si no lo han hecho, vayan a su cine más cercano a ver Coco. De verdad, la película tiene un argumento sensacional y su forma de narrarlo es un reflejo respetuoso y digno del espíritu del Día de muertos y de múltiples tradiciones de México. No hay duda de que los seis años que sus creadores pasaron investigando sobre la tradición de los muertos valieron la pena. ¡No se la pierdan!